Cuando la vida te pone un estate-quieto.



Creo que estar en chinga es mal de mamás (o al menos de la mayoría) porque nos creemos responsables de todo y todos, sentimos que si nosotros no hacemos algo los demás lo harán mal (Y la mayoría del tiempo así es 😂) y a veces por esa razón es tan difícil permitirnos un descanso. 

A veces mientras estamos descansando (spa, manicure, viendo película, cenando con las amigas) ya estamos pensando y estresadas por lo que haremos esa misma noche, o la semana. 

Y no está cool. Nada cool, porque todo ese estrés cobra factura a la larga (y a veces a la corta). 

Y lo digo por experiencia propia porque yo siempre ando en chinguiza y por mucho tiempo me enorgullecí de ello - incluso antes de ser mamá- para mi era un honor andar siempre ocupada y a mil por hora, como si me convirtiera en alguien más importante. Tal vez por mi personalidad soy más propensa a nunca relajarme, a siempre querer todo perfecto y rápido y bien hecho. 

Obviamente cuando me convertí en mamá esto se exacerbó cañón y mi estrés y ansiedad se dispararon hasta el cielo. Ya van 6 años de mi maternidad, van 6 años en los que me di cuenta que tenía que controlar esto o me iba a matar, y eso he intentado hacer desde hace 1 año: a bajarle la velocidad a todo. 

Claro que no me sale siempre, porque como les dije, mi personalidad es un acelere total, pero tengo que re-aprender muchas cosas para poder lograr cambios significativos en mi vida. Al menos me da tranquilidad que cada día aprendo más e intento hacerlo mejor ♥

Justo hace 3 semanas me enfermé FATAL de influenza A (la más leve y yo sentía que iba a morir) y tuve que parar. TUVE QUE PARAR porque mi cuerpo no pudo más, ya no pude trabajar a mil por hora, no pude andar en friega por la casa levantando juguetes, vasos, etcétera, no pude ni cuidar de mis hijos y eso me puso tan triste. 

Mis suegros y mis papás se hicieron cargo de mis hijos porque mi esposo y yo estuvimos en calidad de bulto algunos días. El mejoró y yo sufrí complicaciones pulmonares que hicieron mi recuperación más lenta. Todas las noches lloré porque sentía una impotencia enorme por no poder ayudar a mis hijos, no poder hacerme cargo de todo como siempre...

y saben qué pasó? NADA. Nadie se murió, mis hijos están bien, aún tengo trabajo, fueron a la escuela, tuvieron sus uniformes limpios, comieron, durmieron, todo funcionó sin mi. 

Esto me abrió los ojos - y también me puso poqui triste jaja - y me hizo darme cuenta que NO SOY INDISPENSABLE, ni para mis hijos. Si, que triste que no esté con ellos y se que si no estoy algo siempre faltará pero la vida no se acaba, el mundo gira sin nosotros haciéndonos cargo de todo. 

Así que take a chill pill mamacita! 

Hasta la fecha no estoy al 100 aún, me siento mal algunos días, sigo con tos, fatiga, etcétera. Y les soy honesta, hay días que no cocino, que apenas tengo fuerza para trabajar desde mi cama pero hago lo que puedo. 

Le doy prioridad a descansar si me siento cansada.
Si no me siento bien lo digo y pido ayuda.
Si necesito un break me lo tomo. 

La felicidad, salud y salud mental valen más que trastes limpios y to do lists completadas. 

Gracias vida por el estate quieto ♥

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